LXXI Sesión de la Asamblea General de las Naciones Unidas

Jean-Marc Ayrault, Ministro de Asuntos Exteriores y Desarrollo Internacional, participará del 18 al 25 de septiembre en los trabajos del 71er periodo de sesiones de la Asamblea General de Naciones Unidas en Nueva York.

La delegación francesa estará encabezada por el Presidente de la República. Jean-Marc Ayrault estará acompañado por André Vallini, secretario de Estado de Desarrollo y Francofonía.

Programa

Durante la semana, participará en numerosas reuniones multilaterales y tendrá entrevistas bilaterales con varios de sus homólogos:

1) La respuesta internacional a las crisis estará en el centro de los trabajos:

- Siria: Jean-Marc Ayrault participará en la reunión de alto nivel del Consejo de Seguridad el 21 de septiembre. El Ministro tomó también la iniciativa de celebrar una reunión ministerial de Estados afines el 19 de septiembre, previa a una reunión del grupo internacional de apoyo a Siria, el 20 de septiembre. El objetivo será avanzar en el cese de las hostilidades, el acceso de la ayuda humanitaria a la población, la transición política, reafirmar la lucha contra la impunidad y poner fin al uso de armas químicas en Siria;

- Iniciativa por la paz en Oriente Próximo: la semana ministerial permitirá continuar la movilización de nuestros socios. Jean-Marc Ayrault abrirá la reunión de seguimiento de la conferencia de París de junio sobre el proceso de paz en Oriente Próximo y participará en varios eventos de alto nivel sobre el particular;

- Libia: El Ministro participará el 22 de septiembre en una reunión organizada por Estados Unidos e Italia con el objetivo de reiterar el apoyo de la comunidad
internacional al Gobierno de Unidad Nacional libio del Primer Ministro Fayez Sarraj;

- África: Jean-Marc Ayrault participará el 23 de septiembre en una reunión sobre Malí, en presencia del presidente Ibrahim Boubacar Keita y del Secretario General de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, y en una reunión el mismo día dedicada a la República Centroafricana, en presencia del presidente Faustin-Archange Touadéra.

2) El Ministro asistirá a la cumbre sobre la crisis de los refugiados y de los migrantes que organiza el 19 de septiembre el presidente de la Asamblea General de Naciones Unidas, Peter Thomson, y acompañará al Presidente de la República Francesa en la cumbre de jefes de Estado y de gobierno sobre los refugiados, organizada por el Presidente Obama el 20 de septiembre.

3) El 21 de septiembre se hará un nuevo llamamiento a la movilización de los Estados para la ratificación del Acuerdo de París sobre el clima durante un acto organizado por Ban Ki-moon, con el objetivo de alcanzar los objetivos de desarrollo sustentable y acelerar la lucha contra el cambio climático. También se organizará una reunión el 20 de septiembre sobre energías renovables en África.

4) El Ministro copresidirá con sus homólogos de Túnez y Catar una reunión sobre las reformas y las oportunidades de inversión en Túnez el 22 de septiembre.

5) Un año después de la firma del acuerdo sobre el programa nuclear iraní, Jean-Marc Ayrault participará en una reunión de seguimiento de la puesta en marcha del acuerdo junto con nuestros socios del grupo “E3/UE+3” e Irán el 22 de septiembre.

Jean-Marc Ayrault se reunirá durante su visita con numerosos miembros de la sociedad civil. Visitará el 23 de septiembre la empresa emergente Datadog, fundada por franceses, e hablará de derechos humanos con varias organizaciones no gubernamentales.

El Ministro pronunciará un discurso ante los estudiantes de la Universidad de Columbia el 22 de septiembre. El 18 de septiembre visitará el memorial del 11 de septiembre. Participará en un encuentro dedicado al proyecto «Fieldwork: Marfa» sobre distintas formas de cooperación francoalemanana en los ámbitos cultural y artístico.

Lunes 19 de septiembre

Rueda de prensa de Jean-Marc Ayrault - 71ª AGNU (19 de septiembre de 2016)

Señoras, señores,

Es un placer verlos al inicio de esta 71ª Asamblea General de las Naciones Unidas.
Llegué el sábado por la tarde y estaré en Nueva York hasta el viernes. El Presidente de la República, por su parte, llegará esta tarde. Y tendré oportunidad de hacer balance de esta Asamblea General el próximo viernes, aquí mismo, a las 11.00 h.
Comienza pues una semana ministerial especialmente intensa en un contexto en el que el mundo está sometido a muchos desafíos, donde la amenaza terrorista sobrevuela todos los continentes.

Ayer por la mañana estuve en el Memorial de las víctimas del 11 de septiembre y no puedo sino echar la vista atrás sobre lo que nos ha llevado a la situación en la que estamos, con un terrorismo que pone en peligro nuestras sociedades y nuestras democracias. En consecuencia, no sólo conviene actuar reforzando nuestra lucha contra esta plaga, sino también no escatimar esfuerzo alguno en favor de la paz. Porque, lo vemos claramente, el terrorismo se nutre de todos los conflictos regionales y de las frustraciones que conllevan. De ahí mis prioridades para esta semana en Nueva York, de las que les voy a hablar ahora.

1/ Primera prioridad: Siria.

Estos últimos días he hablado con muchos socios. Participaré en la reunión del Consejo de Seguridad que la Presidencia neozelandesa organiza el miércoles, que tratará fundamentalmente de la situación en Siria.

Previamente, hoy, voy a reunir a los países conocidos como «afines» para examinar juntos la situación en Siria, en especial en el contexto del acuerdo entre Rusia y Estados Unidos sobre el cese de las hostilidades. Esta reunión supondrá una oportunidad para hablar con el representante de la oposición siria al que he invitado, Riad Hijab.

Entonces, ¿en qué punto estamos? El acuerdo entre Rusia y Estados Unidos es especialmente frágil, como ha quedado patente en las últimas horas. Pero debe quedar un atisbo de esperanza. En efecto, es la única base sobre la que la comunidad internacional puede apoyarse hoy en aras de un cese de las hostilidades y del acceso a la ayuda humanitaria para la población civil. Esta ayuda humanitaria es fundamental. Ya no llega nada, o casi nada. Me refiero en especial a Alepo, que cada día que pasa se va convirtiendo en una ciudad mártir. Es lo que no hemos dejado de repetir: cese de las hostilidades y ayuda humanitaria son las dos condiciones para la reanudación de las negociaciones con vistas a una transición política que hay que emprender absolutamente.

Entonces, como decía, el atisbo de esperanza es frágil. Somos bien conscientes de ello. El bombardeo de los estadounidenses contra Daesh ha llevado a que fuerzas del régimen también se hayan visto afectadas en Deir Ezzor. Y esto, por supuesto, lo hemos visto todos, ha generado una tensión importante entre los copatrocinadores del acuerdo. Pero, honestamente, miremos las cosas de frente, dejando de lado el aspecto táctico y las segundas intenciones. La realidad son todas las informaciones que nos llegan desde el terreno. Las violaciones del alto el fuego se deben al régimen. La realidad no deja lugar a dudas, el régimen es quien ha originado el grueso del drama sirio. No debemos olvidarlo en ningún momento. Son más de 300 000 muertos y casi todos ellos debido a la guerra que libra el régimen contra su propio pueblo y que también produce el desplazamiento de millones de refugiados. Ésa es la realidad.

Así que la única vía posible es que todo el mundo aúne sus esfuerzos para que el acuerdo de cese de las hostilidades sea respetado. A este respecto, un diálogo entre rusos y estadounidenses reforzado, renovado, debe ser efectivo. Pero además, porque está claro que, por muy importantes que sean, el diálogo no puede limitarse a dos países, la movilización debe ser colectiva. E insisto mucho en esta dimensión colectiva. Porque, por mucha buena voluntad que haya, cuando se concluye un acuerdo frágil, no hay dudas sobre la dificultad de su aplicación. Por tanto, si se carece de apoyo por parte de la comunidad internacional, si no hay un compromiso fuerte, y Francia está dispuesta a contribuir a ello, no deja de decirlo y de repetirlo, vuelvo a decirlo hoy, llamo a todos a que asuman sus responsabilidades. Éste es el reto de la semana ministerial sobre la crisis siria.

Algunos ya han anunciado que las cosas habían terminado. Estamos en una Asamblea General, es un momento único. Hay que aprovechar la ocasión para conseguir una probabilidad de éxito máxima.

En nombre de Francia, propondré el establecimiento de un mecanismo de vigilancia eficaz. Efectivamente, para crear confianza, hay que ser capaz de recabar toda la información disponible sobre el respeto del cese de las hostilidades por todas las partes. Insisto, hay que seguir prestando especial atención al acceso humanitario, que sigue siendo inexistente, cuando la población siria lleva cinco años careciendo de todo. Les corresponde en primer lugar al régimen y a Rusia conseguir que llegue la ayuda humanitaria.

Más allá del acuerdo entre Rusia y Estados Unidos, algunas cuestiones siguen pendientes. Naturalmente, me refiero al uso de armas químicas por el régimen sirio y también por Daesh, uso establecido por el mecanismo de investigación y atribución creado por el Consejo de Seguridad. Se trata de una amenaza de primer orden para la paz y la seguridad internacionales que también sobrepasa el conflicto sirio. Por tanto, es necesaria una respuesta potente. Francia no aceptará que se silencie lo que nos jugamos en la lucha contra la proliferación de las armas químicas. Sería un error, pero también una falta moral para con las víctimas de estas atrocidades en Siria.

2/ Pasamos a nuestra segunda prioridad en esta Asamblea General.

Querría hablar ahora de la iniciativa francesa para el proceso de paz en Oriente Próximo y de la continuidad de la reunión que presidí el pasado 3 de junio en París.
Más allá de todos los encuentros que pueda tener durante esta semana en Nueva York, en mi agenda figuran varias reuniones sobre esta cuestión, en especial una reunión de seguimiento de la conferencia de París, programada para hoy.
Mi convencimiento, hoy, es que, tal y como deseábamos, a pesar de todo el escepticismo que conocemos bien y que reiteran incesantemente aquellos que, evidentemente, no quieren hacer nada y desean incluso impedir que pase algo, la reunión del 3 de junio en París ha conseguido que haya movimiento al lograr que la comunidad internacional tome conciencia de que hay que hacer algo para incitar a las partes, Israel y la Autoridad Palestina, a reanudar las negociaciones. De hecho, varios países se emplean en ello: Egipto, Jordania, Estados Unidos, Rusia. También se ha publicado el informe del Cuarteto en julio, que detalla las amenazas que pesan sobre la solución de los dos Estados y que viene a recordar el carácter urgente de una nueva movilización de la comunidad internacional. Todos los esfuerzos son bienvenidos e incluso complementarios de la iniciativa francesa. Es lo que les digo a todos aquellos que se han comprometido, que sus iniciativas no vienen sino a reforzar la iniciativa francesa.

Porque nuestro objetivo sigue siendo el mismo. Organizar una conferencia internacional antes de que acabe 2016 para poder presentar a los israelíes y a los palestinos una contribución única de la comunidad internacional, en forma de paquete de incentivos global. El paquete ilustrará de manera concreta el apoyo que estamos dispuestos a dar en caso de que se produzca un acuerdo de paz entre las partes. Resumiendo, la Asamblea General debe ser un momento para la movilización política con el fin de ser capaces de alcanzar este objetivo.

3/ Mi tercera prioridad es la crisis de los refugiados.

Están previstas dos reuniones de alto nivel: una organizada hoy por el Presidente de la Asamblea General, en la que participaré, y otra por el presidente Obama, mañana, en la que el presidente de la República, François Hollande, trasladará la voz de Francia.

Nuestro mensaje, del Presidente y mío, es triple:
- para empezar, hay que tratar las causas profundas de los movimientos de refugiados y, de manera más general, de las migraciones: las guerras, las persecuciones, la pobreza, el cambio climático;
- después, hay que intensificar la ayuda, en particular la ayuda en favor de los países especialmente afectados. Naturalmente, me refiero al Líbano, que acoge a más de un millón de refugiados, a Jordania o a Turquía. En 2016, Francia destinará más de 100 millones de euros en donaciones a la crisis de los refugiados. Es el doble que en 2014. Sin contar los más de 900 millones de euros para préstamos a Jordania. El aumento de nuestra ayuda oficial al desarrollo también debe contribuir a incrementar nuestra ayuda humanitaria. Se trata de un esfuerzo inédito, que nos obliga hasta 2018. Velo por que estos compromisos se apliquen, a pesar de nuestras limitaciones presupuestarias;
- en lo que se refiere a la acogida de refugiados, Francia se ha comprometido en el marco del mecanismo de reubicación entre Estados miembros de la Unión Europea o de reasentamiento desde Turquía. Se ha comprometido a recibir a 30 000 personas. Estos refugiados se suman a las 80 000 personas aproximadamente que presentaron una solicitud de asilo en Francia en 2015. Estos compromisos deben cumplirse y Francia los cumplirá.

4/ Abordo ahora la cuarta prioridad: consolidar la paz en todo el mundo, ya sea en Libia, en Mali o en la República Centroafricana.

Durante toda la semana, estas crisis serán tratadas en reuniones de alto nivel. Francia, nosotros, llevamos la iniciativa en varias de ellas para que la comunidad internacional siga movilizada. Para nosotros no hay conflictos menores y no debe haber crisis olvidadas – pienso en Burundi, donde conseguimos que el Consejo de Seguridad decidiera enviar una fuerza policial para investigar in situ.

En cuanto a Libia, el jueves participaré en una reunión ministerial. Es cierto, hay que decirlo, la situación es preocupante y se ha degradado mucho estos últimos días. La ofensiva del general Hafter para hacerse con la media luna petrolera no va en el buen sentido, evidentemente. Existe un verdadero riesgo de retroceso, tras varios meses de refuerzo aun lento, pero continuo todavía, del Gobierno de unidad nacional derivado del acuerdo de Skhirat. Resulta pues importante subrayar colectivamente nuestro apoyo a dicho Gobierno y a su primer ministro, Fayez Sarraj. Por ello, Francia lo ha invitado a París - el Presidente de la República lo anunció hace unos días - donde viajará muy próximamente.

Sobre Mali también intervendré el viernes 23 de septiembre, en el marco de una reunión ministerial, en presencia del presidente malí, Ibrahim Boubacar Keita.
Será una oportunidad para hacer balance sobre la aplicación de los acuerdos de paz, así como para hablar sobre el desarrollo de un país al que Francia prestó auxilio en 2013. Yo mismo, el pasado mes de mayo, durante el desplazamiento junto a mi homólogo alemán Franck Walter Steinmeier, pude comprobar in situ los progresos realizados. Aunque sigue habiendo tensiones y ataques asimétricos, como hemos lamentado estos últimos días, las condiciones de seguridad están mejorando globalmente. El compromiso de la comunidad internacional prosigue, en particular el de los países contribuyentes de la MINUSMA. Hay que mantener este esfuerzo. Por iniciativa de Francia, el Consejo de Seguridad autorizó el pasado mes de junio el despliegue de 2500 cascos azules más, así como el refuerzo del mandato de la misión.

Por último, hay que animar a las partes a que apliquen de forma concreta el acuerdo de paz firmado el año pasado en Argel. La reunión en presencia del Presidente de Mali tratará en particular de esta cuestión.

En cuanto a la República Centroafricana, también participaré el viernes en una reunión en torno al presidente Touadéra. Se han realizado muchos avances en este país, son dignos de admiración: en primer lugar, ha concluido la transición política que ha respetado las normas democráticas, se ha restablecido el orden constitucional, se ha implantado un Gobierno y dicho Gobierno está trabajando. Sin embargo, los desafíos siguen siendo inmensos: el compromiso en favor de la reconciliación todavía no es suficientemente compartido, algunos entorpecen el proceso deliberadamente. Estos últimos días se han vuelto a producir actos violentos, con muertos. En cuanto a los proyectos de desarrollo que resultan imprescindibles para este país que espera mucho, siguen tardando en arrancar. Nuestra reunión brindará la oportunidad de animar al Gobierno a dar un acelerón, especialmente con vistas a la conferencia de donantes organizada en otoño por la UE.

5/ Más allá de estas cuatro prioridades:

- me veré con Nadia Murad, joven yazidí víctima de Daesh y actualmente embajadora de Buena Voluntad de las Naciones Unidas, para hablar con ella sobre la forma de dar continuidad al admirable trabajo de la comisión Pinheiro, que investiga todas las masacres, y luchar contra la impunidad. Es lo que dije el pasado 29 de febrero en mi intervención ante el Consejo de Derechos Humanos en Ginebra;
- también intervendré en una reunión del Foro Mundial contra el Terrorismo copresidido por Marruecos y los Países Bajos para presentar la estrategia francesa en materia de lucha contra la radicalización;
- participaré en una reunión ministerial de los E3+3 sobre el seguimiento del acuerdo sobre el programa nuclear iraní;
- copresidiré, junto a mis homólogos catarí y tunecino, una reunión sobre las oportunidades económicas y de inversión en Túnez relacionada con la conferencia TUNISIA 2020 que tendrá lugar en Túnez los próximos 29 y 30 de noviembre.
- Me reuniré, como lo hice en paralelo a la reunión del Consejo de Seguridad, con las ONG de defensa de los derechos humanos.

6/ Y, por supuesto, voy a aprovechar mi presencia en Nueva York para alimentar nuestra relación bilateral con Estados Unidos:

Como les he dicho, ayer fui al Memorial del 11 de septiembre.
El jueves por la mañana hablaré ante los estudiantes y profesores de la Universidad de Columbia. También ésta será una oportunidad para hablar sobre la importancia de la cooperación transatlántica a la hora de hacer frente, juntos, a todos los desafíos a los que nuestro mundo se enfrenta hoy en día.

Y el jueves a mediodía me veré con los consejeros de Comercio Exterior de Francia, para hablar con ellos de nuestras relaciones económicas y de la forma de reforzarlas. También visitaré la empresa emergente DataDog, especializada en servicios innovadores de gestión de redes informáticas, creada por franceses, y que demuestra también que la innovación está en el núcleo de lo que Francia y Estados Unidos pueden hacer juntos.

Por último, participaré en un evento dedicado a la cooperación entre la Escuela de Bellas Artes de Nantes, la Universidad de Houston y la Escuela de Arte y Diseño de Ginebra, en Marfa. Lanzaré la plataforma France Alumni USA, que contribuirá a conectar a los estadounidenses que estudiaron en Francia y que también me permitirá trasladar un mensaje a los estadounidenses para que vengan a estudiar a Francia, son bienvenidos.

Si he querido incluir todas estas cuestiones en mi programa, es porque creo que, entre Francia y Estados Unidos, la cultura y la educación son nexos de unión que conservan toda su fuerza.

He aquí, señoras y señores, las prioridades y el programa resumido, porque como pueden imaginar, esta semana es denso.

Martes 20 de septiembre de 2016

Palabras del Presidente de la República Francesa - Debate general de la Asamblea General de las Naciones Unidas

Señor Presidente,
Señoras, señores,

Siempre es un honor hablar ante la Asamblea General de las Naciones Unidas. Pero también es una responsabilidad, sobre todo ante el estado grave, preocupante, en el que está el mundo.

Estoy ante ustedes en nombre de Francia para hacer varios llamamientos: el primero, pedirles que hagan todo lo posible para aplicar el acuerdo histórico que se firmó en París el pasado 12 de diciembre. Este acuerdo es histórico porque la conferencia se celebró cuando Francia, París, su capital, había sido golpeada por atentados terroristas. Este acuerdo es histórico porque, por primera vez, el conjunto de la comunidad internacional aceptaba comprometerse para reducir el calentamiento global y movilizar la financiación que permita a los países más vulnerables llevar a cabo la transición energética.

Y, sin embargo, lo aseguro una vez más ante ustedes, a pesar del gran alcance de este acuerdo, no hay tiempo que perder. Los dos años que acaban de pasar han sido los más cálidos que ha conocido la humanidad desde que somos capaces de medir las temperaturas. Es cierto que el pasado mes de abril, aquí mismo, se firmó un acuerdo de 175 países con el secretario general Ban Ki-moon. Pero todos sabemos que sólo entrará en vigor si lo ratifica el 55 % de los países siempre y cuando representen el 55 % de las emisiones de gases de efecto invernadero. Estados Unidos y China han anunciado su decisión de ratificarlo, cosa muy importante, y nada hubiera sido posible sin la participación, el compromiso de estos dos países, que son los mayores emisores de CO2. La propia Francia notificará mañana a las Naciones Unidas la finalización de su procedimiento, pero llamo a todos los países miembro de las Naciones Unidas a acelerar su procedimiento de ratificación para que de aquí a finales de año todo haya concluido.

La COP21 ha sido la conferencia de las decisiones. La COP22, que se celebrará en Marrakech, debe ser la de las soluciones. Se trata de aplicar la Alianza Solar Internacional, de luchar contra la desertificación, de proteger los océanos, de fijar un precio para el carbono. Pero el llamamiento que quiero hacer aquí ante ustedes, tras este acuerdo sobre el clima, es un llamamiento por África. África es un continente lleno de promesas, pero su desarrollo puede verse entorpecido por el cambio climático, por las migraciones, los conflictos, las guerras, el terrorismo. Este continente lleno de futuro también puede ser el que genere una inseguridad creciente, del que, de hecho, los africanos serían las primeras víctimas. Propongo pues en nombre de Francia una agenda 2020 para África. Este plan debe permitir que todos los africanos tengan acceso a la electricidad. Dos tercios de los africanos carecen hoy de ella, es una injusticia pero, sobre todo, es un obstáculo para el crecimiento sostenido de África. Luego el reto consiste en responder a las necesidades del 15 % de la población mundial. El reto consiste en permitir que los países africanos se beneficien de un potencial de desarrollo inmenso. El reto consiste en reducir los desplazamientos de población, es decir, las migraciones, que desestabilizan tanto a los países de origen como a los países receptores. Así, en la conferencia de París lancé una iniciativa sobre energías renovables en África. Diez donantes, quiero agradecérselo desde aquí, se comprometieron a destinarle 10 000 millones de dólares de aquí a 2020. Francia se hará cargo del 20 %, es decir, de 2000 millones de euros. Siempre con esta misma óptica de que los africanos tengan acceso a la electricidad, Europa se ha decidido por un plan de acción exterior que podrá alcanzar alrededor de los 40 000 millones, que pueden duplicarse si los Estados miembros de la Unión también participan. Mi llamamiento se dirige una vez más a todos los países aquí representados, es un llamamiento a sumarse a esta dinámica. Lo que estoy solicitando no es una solidaridad, es una inversión mutua que será beneficiosa para el mundo entero y, desde aquí, llamo a que se realice lo más rápidamente posible.
Pero no habrá desarrollo en África si no se garantiza su seguridad. Francia, cuando la envié a Mali, era consciente de su responsabilidad. Había que evitar que las organizaciones terroristas pudieran tomar el control de un país entero y desestabilizar una región entera. Actualmente se ha frenado la amenaza. Mali ha recuperado su integridad territorial. Pero aparecen otras organizaciones: Boko Haram, Al Qaeda, que a su vez cuestionan la seguridad de muchos países de África Occidental, del Sahel, del lago Chad. Sencillamente, también en este ámbito, Francia está ahí para apoyar a los ejércitos afectados, para formarlos, para entrenarlos, para intercambiar información, para respaldarlos en la lucha contra el terrorismo, es lo que hacemos con Nigeria, con Níger, el Chad, Benín, Camerún, y tenemos que ampliar aún más esta acción con las Naciones Unidas y la Unión Africana.

Pero que las cosas estén bien claras. La seguridad de los africanos debe venir de los propios africanos si queremos evitar injerencias e interferencias exteriores. Y el llamamiento que hago por el desarrollo, por las energías renovables, también es un llamamiento por la seguridad de los africanos, para que podamos equipar a sus ejércitos, brindarles los medios para actuar, y que esas naciones africanas puedan organizar su desarrollo con libertad, con soberanía.

El último llamamiento que quiero hacer aquí, y quizás el más patético, se refiere a Siria. Ante la historia, la tragedia siria será una vergüenza para la comunidad internacional si no le ponemos término rápidamente. Actualmente Alepo es una ciudad mártir, que quedará en la memoria de las Naciones como una ciudad mártir. Miles de niños aplastados por las bombas. Poblaciones enteras hambrientas. Convoyes humanitarios atacados. Armas químicas. Sólo tengo una palabra: basta. Como sucedió el pasado mes de febrero, el alto el fuego no habrá durado más que unos días. Voló en mil pedazos al día siguiente de ser anunciado, sin que, por otra parte, llegáramos a conocer su contenido. El régimen es responsable de su fracaso y no debe eximirse en base a errores que podrían haber cometido otros. Y, a sus apoyos extranjeros de todos conocidos, les digo que deben forzar la paz, de lo contrario, cargarán junto con el régimen con la responsabilidad de la división y del caos en Siria. El Consejo de Seguridad debe reunirse lo antes posible y no debe ser el escenario de una farsa, es decir, un lugar en el que todos descargan la responsabilidad en los demás y donde algunos entorpecen el trabajo del Consejo de Seguridad, supuestamente para proteger un régimen cuando en realidad deben buscar una solución con nosotros.

Francia tiene cuatro exigencias. Primero, imponer un alto el fuego, de conformidad con las decisiones que se han tomado. Es la condición previa. Después, garantizar el transporte inmediato de la ayuda humanitaria a Alepo y al resto de ciudades mártir. Es la urgencia. Permitir que se reanuden las negociaciones políticas según los principios de la transición que se establecieron ya en 2012. Es la solución. Por último, sancionar el recurso a armas químicas. Es la justicia.

Si en ese momento tomamos estas decisiones, si actuamos, habrá una solución para Siria. Y habrá más que una solución para Siria: por fin habrá esperanza para los desplazados y los refugiados. Por fin habrá una acción que permita garantizar a Siria la conservación de su integridad territorial. Porque tal es nuestra voluntad, en Iraq también habrá una intervención que, en su caso, permitirá liberar al conjunto de Iraq con respecto al territorio que ocupa actualmente Daesh. Por último, si así lo decidimos, habrá una acción que podrá ser eficaz contra el terrorismo, y que evitará que puedan volver a producirse atentados en todo el mundo. Lo he dicho anteriormente, el riesgo es el caos y la división. Este riesgo existe incluso más allá de Siria, en Libia. Y lo urgente es restablecer el Estado alrededor del Gobierno de Sarraj, es decir, el Gobierno de unidad, en esto es en lo que Francia está trabajando junto a sus socios y junto a las Naciones Unidas.

Señoras y señores, no solucionar nada, dejar que las cosas pasen, que corran, es hacerle el juego a las fuerzas que quieren desestabilizar el mundo, en especial los terroristas. Francia no se resigna nunca, aunque sea difícil, sobre todo si es difícil. Por ello, ha tomado la iniciativa de contribuir en la búsqueda de una solución del conflicto israelo-palestino. Es cierto que nadie puede imponer una solución a las partes. Pero también aquí, contentarse con un statu quo significa correr el riesgo, dejar que se lleve a cabo la colonización, una vez más. Significa conceder un fundamento insoportable, injusto, inaceptable a algunos actos violentos. Por ello, el objetivo es celebrar una conferencia de aquí a finales de año para que israelíes y palestinos cuenten con las condiciones y la responsabilidad para negociar.

Este mismo espíritu es el que nos ha animado, a la canciller Merkel y a mí, a encontrar una solución para Ucrania. Se trata de la invención conocida como formato de Normandía, que permitió alcanzar un acuerdo en Minsk. Hoy debemos hacer todo lo necesario para aplicar este acuerdo, de lo contrario, volverán a producirse actos violentos, y quizás incluso una guerra, que se reanudará. Deseo recordar que se cobró más de 6000 víctimas. Así que, junto con la canciller de Alemania, he tomado la iniciativa de reunir en las próximas semanas a los presidentes de Rusia y de Ucrania para avanzar, para aplicar los acuerdos de Minsk. No abandonaremos este objetivo, no renunciaremos a ninguna iniciativa si puede ser útil.

Señoras y señores, he mencionado el terrorismo. Es una amenaza para todos los países del mundo. De hecho, la lista de los que han sido golpeados es larga. En África, en Oriente Medio, en Asia, en Europa. Sin olvidar Oceanía. No hay ningún país que pueda decir que está protegido ante esta plaga: el terrorismo islamista, el fundamentalismo, el fanatismo, que se ha hecho con individuos perdidos en nuestras sociedades para radicalizarlos. No hay mar, no hay muro que pueda proteger un país del drama, de la tragedia, de la plaga llamada atentado, ataque, agresión. Este terrorismo prospera en conflictos que se han abierto y que llevan demasiado tiempo sin resolver. Provoca una ola de refugiados, perturba la situación internacional, las fronteras, que creíamos establecidas, el Derecho, que creíamos podíamos hacer respetar, la seguridad colectiva, que era el principio mismo de las Naciones Unidas. Ante estos peligros, Francia se dirige una vez más hacia las Naciones Unidas.

Han demostrado su eficacia adoptando la Agenda 2030 sobre desarrollo, el Acuerdo de París, que muchos creían imposible. Las Naciones Unidas, que organizan operaciones de mantenimiento de la paz que nunca antes habían sido tan numerosas. Pero si queremos erradicar el terrorismo, si queremos actuar, debemos tomar decisiones, y no limitarnos al discurso de solidaridad cuando se realiza un ataque a un país amigo, o la compasión con las víctimas. Debemos asumir responsabilidades cada vez que resulta útil. Es lo que hace Francia, no porque se la ataque. Ya lo he dicho, actualmente, todos los países constituyen un blanco para el terrorismo. No, Francia lo hace porque es miembro permanente del Consejo de Seguridad y porque su papel no es el de bloquear sino el de actuar. Francia lo hace porque tiene una idea, una gran idea para el mundo, la que su historia ha defendido siempre, la libertad, la democracia, la justicia. Porque Francia pone su política al servicio de un único objetivo: la paz. Y porque Francia habla con todas las partes interesadas. Porque Francia es una nación independiente que respeta el Derecho. Porque Francia no tiene más enemigos que las fuerzas del odio y la intolerancia que utilizan una religión traicionada para generar miedo. Porque debemos luchar contra los populistas que se adueñan de la desesperación para dividir, para separar, para estigmatizar, para enfrentar a las religiones, a unas frente a otras, con el riesgo de un enfrentamiento que sería terrible para la cohesión de nuestros países. Francia es un país laico, que se reivindica como tal, pero que habla con todas las religiones y que garantiza la libertad de culto en su seno, porque Francia no tiene más interés en el mundo que la estabilidad, el desarrollo, y el futuro del planeta.

He aquí por qué Francia se muestra tan comprometida cada día en las Naciones Unidas. Quiero aplaudir al presidente de la Asamblea General, quiero aplaudir a todos los que se entregan a las Naciones Unidas, empezando por el secretario General Ban Ki-moon, que, desde hace diez años, lleva a cabo una difícil misión en nombre de todos y que ha permitido que hayamos podido avanzar. Y he aquí también por qué espero de las Naciones Unidas, y en particular del Consejo de Seguridad, frente a los grandes desafíos que he mencionado y en especial el de Siria y la lucha contra el terrorismo, espero de las Naciones Unidas que asuman su responsabilidad. Hay un momento para cada generación, para cada responsable público, en el que la única pregunta válida es: ¿hemos tomado decisiones? ¿Hemos tomado las decisiones correctas? Aquí hay países de distinto tamaño, de distinto nivel de desarrollo, de distinta convicción, pero que no deben sino tener un mismo objetivo, una misma exigencia. El mundo tiene que responder a los desafíos del planeta.

Por ello, he querido hacer estos llamamientos. Llamamientos para que podamos aplicar el Acuerdo de París sobre el clima. Llamamiento por África, para que todos los africanos puedan disponer de electricidad y de cierto nivel de desarrollo. Llamamiento por la paz en Siria, porque resulta urgente. He aquí por qué creo en las Naciones Unidas y por qué, con Francia, traslado un mensaje universal.

Gracias.

Para seguir sus actividades día a día (en francés):

Última modificación: 30/09/2016

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